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Hace pocos días, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicó el Atlas del Desarrollo Humano Cantonal de Costa Rica, el cual me ha dejado algunas conclusiones importantes que deseo compartir. Primero, recordemos la metodología del Índice de Desarrollo Humano y otros indicadores relacionados de las Naciones Unidas.

Metodología: Este enfoque difiere de otras teorías y paradigmas, ya que no se centra en aspectos como el crecimiento económico o los procesos de industrialización y modernización de las sociedades. En cambio, prioriza la expansión de las libertades personales. El desarrollo humano es visto como un fin en sí mismo, y se considera que debe permitir a los seres humanos desarrollar todo su potencial. Sin embargo, esto no significa negar la importancia del ingreso o del acceso a bienes específicos, sino tratarlos como medios para ampliar las oportunidades individuales.

Para lograr este objetivo, el enfoque de desarrollo humano propone aumentar y fortalecer las capacidades de las personas y eliminar los obstáculos sociales, culturales o ambientales que limitan la libertad. Tener una educación adecuada para desenvolverse en sociedad y realizar actividades productivas, o contar con una alimentación y niveles de salud que prevengan una muerte prematura, son ejemplos de capacidades humanas.

El enfoque no promueve un tipo específico o un número limitado de capacidades, sino que aboga por una lista abierta que debe ser modificada o ampliada según el contexto. Para hacer operativo este enfoque, el PNUD diseñó un índice que refleja la capacidad de los países para proporcionar a su población las capacidades esenciales para el ejercicio de la libertad.

La calidad de la vida humana se refleja en esta medida, aunque esto no implica que el desarrollo humano se limite a las tres dimensiones que integran el índice: salud, educación e ingreso. En la familia de indicadores figuran otros como el IPG, IPH o el IDG. La fortaleza de estas mediciones radica en que se basan en las mismas variables para realizar el análisis. Variables como el recibo eléctrico, la tasa de matrícula global, la tasa de mortalidad infantil, entre otras, proporcionan indicadores claros sobre la calidad de vida.

Vista General: Aunque estas variables son confiables para la medición, también presentan ciertas deficiencias metodológicas, especialmente en lo que respecta a generalizaciones controladas. Por ejemplo, San Carlos, el cantón número 10 de la provincia de Alajuela y el más grande de Costa Rica, abarca aproximadamente dos tercios de la provincia.

La mayor parte de su territorio se dedica a la agricultura, lo que genera una notable lejanía intra-distrital. Por ende, hay un núcleo económicamente dinámico en la cabecera (Ciudad Quesada), que cuenta con acceso a información, educación tanto pública como privada en todos los niveles, y contribuye significativamente al bienestar de las personas.

Sin embargo, esta realidad contrasta con la de otros distritos, como el de Pital, donde falta agua potable y la escuela local es unidocente (no por baja matrícula, sino por decisiones del MEP). En este distrito, la labor de campo, que a menudo está mal remunerada, no satisface las necesidades materiales de las personas. La vida es más económica, ya que no hay un auge comercial comparable. San Carlos ocupa el puesto 42 entre los 81 cantones de Costa Rica, habiendo ascendido solo 7 lugares entre 2000 y 2005.

Conclusión: La situación en San Carlos es un ejemplo de las realidades que enfrentan muchos cantones, donde a menudo prevalece el interés político-electoral sobre el desarrollo comunal o humano en términos de inversión gubernamental. No basta con que un índice señale deficiencias; es necesario que haya legislación que intente remediar las carencias y privaciones de las zonas periféricas. El desarrollo debe ser integral; de lo contrario, confiar en un índice que sitúa a este país en el puesto 48 a nivel mundial podría resultar en una interpretación